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sábado, 25 de abril de 2015

Nos vamos a la calle

El PUENTE ROMANO Y EL LAZARILLO DE TORMES 







Foto de   http://www.spain.info/es/que-quieres/arte/monumentos/salamanca/puente_romano.html


Aprovechando los recursos que ofrece la cuidad he elaborado varias actividades para realizar fuera del aula .Una de ella es el puente romano para hablar de "El lazarillo de Tormes".
Lo primero que hacemos es explicar el puente romano, dependiendo del nivel la información que les doy puede variar.




http://agrega.educacion.es/visualizadorcontenidos2/AcercaDeAgrega/AcercaDeAgrega.do



A continuación pasamos a hablar de la obra: contexto histórico, autor (anónimo), características...


Esta tarjeta nos sirve para explicar qué significa "ser un lazarillo"

Dependiendo del nivel hago o no un pequeño cuestionario sobre el puente, el libro y la estatua. 




Para hacer las tarjetas he usado imágenes  que he encontrado en  Google.

Terminamos la visita con la escenificación de una escena de la obra. Elegimos a nuestro actores y les colgamos la identificación del personaje. Necesitamos unas gafas negras y un sombrero  para el ciego, para Lázaro usamos un gorro.



LÁZARO. Voy a contar con todo detalle, como usted me lo ha pedido, las cosas que me han sucedido. Algunas son buenas y otras no tan buenas; pero de todas se puede sacar provecho. Debe usted darse cuenta de que la suerte les sonríe más a los ricos, los pobres tenemos que sobrevivir con esfuerzo y habilidad.


ACTO I

LÁZARO. Me llaman Lázaro de Tormes porque nací en el molino del río donde trabajaba mi padre. Pero a él lo mataron porque lo descubrieron robando trigo.

CIEGO. ¿Se volvió a casar tu madre?

LÁZARO. No, no se casó, tuvo buenos amigos. Uno de ellos nos ayudó mucho y a mí me gustaba todo lo que nos regalaba, pero un día se lo llevó la Justicia y no volvió más.

CIEGO. Tuviste suerte, Lázaro, al encontrarme en aquel mesón donde trabajaba tu madre.
LÁZARO. Sí, todavía me acuerdo de la despedida y de lo que me dijo: “Te he criado y te he buscado un amo, ahora búscate tú la vida.”

CIEGO. Lázaro, acércate a este animal y escucha el ruido que hace. [Le da un cabezazo tan fuerte que siente un gran dolor]. Yo te digo ahora que el mozo del ciego tiene que saber más que el diablo

LÁZARO. [Aparte] Ahora veo que estoy solo y tengo que sobrevivir con este amo tan egoísta que me mata de hambre.
(Texto adaptado)



 En este enlace hay información muy interesante y al foto pertenece a este blog.






domingo, 25 de septiembre de 2011

CUENTOS





Este documento pertenece al MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA.
La imagen es de Google. 

jueves, 3 de marzo de 2011

La princesa y el enano


"Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos y payasos. Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire.

"Bravo, Bravo", decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano, contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido.

"Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos. Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque.

"Ella no es feliz aquí", pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.

"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso.

"Ya no bailará más para vos, princesa", le dijo.

"¿Por qué?", preguntó la princesa.

 "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón".


Oscar Wilde

Tesis (1996), de Alejandro Amenábar






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